Travesía al Corazón de los Hielos del Sur

Murallón frontal de 60 metros sobre el Canal de los Témpanos, Lago Argentino.
«El estruendo de un bloque de hielo quebrándose en el silencio del Lago Argentino no se parece a nada humano: es el sonido seco y mineral de siglos de compactación rindiéndose a la gravedad.»
1. El arribo al Lago Argentino y la mística de El Calafate
Llegar a Santa Cruz en los meses de verano implica asomarse a una luz casi perpetua. Pasadas las diez de la noche el horizonte patagónico aún conserva reflejos cobrizos sobre el agua turquesa del lago. El Calafate, antaño un paraje de carretas de bueyes y esquila lanar, oficia hoy como el portal neurálgico hacia el campo de hielo continental.
Para quien busca una experiencia pausada, el secreto radica en madrugar o permanecer en las pasarelas del Parque Nacional Los Glaciares tras el retiro de los contingentes turísticos habituales. A las cuatro de la tarde, cuando el sol calienta la masa helada, los desprendimientos son más frecuentes y el aire huele a ozono y bosque húmedo de lengas.
2. Navegación entre gigantes azules: Upsala y Spegazzini
Mientras que el Perito Moreno se admira desde la tierra, los glaciares Upsala y Spegazzini exigen navegar por el Brazo Norte. La embarcación avanza sorteando témpanos que semejan esculturas geométricas esculpidas por el agua de deshielo. Con paredes verticales que alcanzan los 135 metros de altura sobre el nivel del lago, el glaciar Spegazzini empequeñece cualquier noción de escala.
Ficha de Expedición: Datos Clave
- • Mejor época de visita: Noviembre a principios de Abril.
- • Equipamiento recomendado: Sistema de 3 capas, cortavientos Gore-Tex, calzado de trekking con membrana impermeable y crampones provistos para caminata en hielo.
- • Acceso aéreo: Vuelos diarios directos desde Buenos Aires (Aeroparque o Ezeiza) hacia el Aeropuerto Internacional de El Calafate (FTE).
3. El Chaltén: La capital nacional del trekking
A doscientos kilómetros hacia el norte por la mítica Ruta 40, la silueta afilada del cerro Fitz Roy (Chaltén en lengua tehuelche) domina el valle. Aquí los senderos no requieren permisos restrictivos pero demandan templanza física: la subida a Laguna de los Tres implica un desnivel sostenido de ochocientos metros, culminando en un circo glaciar donde las ráfagas de viento obligan a permanecer agazapado.
Dormir en campamentos agrestes como Poincenot permite contemplar el primer destello rosáceo del amanecer encendiendo las paredes de granito antes de que el resto del mundo despierte.