Mendoza: Arquitectura del Vino al Pie de los Andes

Viñedos de altura en Gualtallary, Tupungato, situados a más de 1.300 metros sobre el nivel del mar.
«En el Valle de Uco, la bodega ya no imita al château francés: se levanta como un bloque monolítico de piedra volcánica que parece brotar de la misma tierra que alimenta las raíces de la vid.»
1. El renacimiento del terroir y la altura extrema
Mendoza ha dejado atrás la era de los vinos excesivamente maderosos y concentrados para abrazar la pureza mineral. Al subir hacia Tupungato, Tunuyán y San Carlos, la oscilación térmica entre el día y la noche alcanza los veinte grados centígrados. Esta condición permite a la uva madurar con una acidez vibrante, revelando notas florales de violetas y tiza en lugar de mermeladas pesadas.
El agua de deshielo de la Cordillera de los Andes baja pura por canales ancestrales diseñados originalmente por los pueblos originarios huarpes y perfeccionados luego por inmigrantes italianos y españoles a finales del siglo XIX.
2. La revolución del hormigón sin epoxi
Recorrer las naves de fermentación de las bodegas de vanguardia implica contemplar filas de ánforas y vasijas ovoides de cemento. Al prescindir del roble nuevo, los enólogos permiten que el suelo calcáreo se exprese sin intermediarios. La arquitectura misma acompaña esta filosofía: naves bioclimáticas semienterradas que mantienen temperaturas estables mediante inercia térmica natural, reduciendo drásticamente el consumo energético.
Recomendaciones de Cata en Uco
- • Varietales destacados: Malbec de parcela calcárea, Cabernet Franc de altura, Semillón de viñas viejas y Chardonnay fresco.
- • Reserva previa: Imprescindible con un mínimo de 3 semanas en época de vendimia (marzo-abril).
- • Ruta recomendada: Ruta Provincial 89 (Caminos del Vino de Tupungato y Tunuyán).
3. Cocina de cercanía: del huerto al fuego
La experiencia cuyana no está completa sin el ritual del fuego. Los chefs contemporáneos han integrado hornos de barro, rescoldos y hojas de parra para cocinar carnes criollas y vegetales de huerta orgánica regada por vertientes andinas. Almorzar con vista directa al Cordón del Plata mientras la brisa de la tarde atenúa el calor es uno de los mayores placeres que ofrece el oeste argentino.